De
nuevo me perdí
Como
tantos otros que nunca tienen donde llegar
No
alcancé a tomar su mano en el andén.
Un
montón de palabras saladas
Se
las tragó como si fuera el último verbo
De
un amante en cuatro patas trepando un campo hostil
Sin
adversarios tangibles
Una
lucha quebrada por dentro
Un
ocaso que legó a sus mucamas y titiriteros
Un
balcón de promesas de hueso molido
Una
cama donde solo se duerme con un ojo abierto
Las
costras de un mar sin sangre
Que
dio a sus botes la única pasada al infinito
Remando
sobre vidrio de botellas estrelladas
Las
nunca vistas protestas de miles sin alma
Que
se devuelven a sus casas
Con
un puñado de fe y huesos reventados
Huesos
que empañan el alma
Que
remueven el sedimento gregario del viento.


















