Has amanecido entre brazos y codos
lánguidos dejando atrás todo ese rodeo
febril de nubes y perlas. Has deseado la vida a tus adversarios y te has dado
un banquete bajo nubes oscuras. Has terminado de quemar tus músculos en el
trajín mundano de los sentidos. Aún no hay silencio entre las cenizas. Es
preciso alejarse del enjambre y su vibración acústica. Es preciso olvidar y
dejar a la muerte acariciar nuestro rostro. Comenzar de nuevo, en un fuego
blanco, entre paredes de papel. Dejar de ser otro. Soñar acaso con un beso de
tinta marrón. El nuevo juego. La especie de una sombra liberada.
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